Roma es amor escrito al revés
Publicado por Dr. Boiffard en Desvaríos el día 16-02-2006

A veces despiertas del sueño de la rutina y te encuentras contigo mismo, desmejorado, envejecido y con ansiedad de sentir de nuevo, al lado de lugares donde tiempo atrás empezaban nuevos capítulos de tu vida.
A veces te encuentras en mitad de un vaso de cocktail donde se mezclan aleatoriamente miradas que te recuerdan primeras veces, presencias telefónicas que te recuerdan lo cerca que está la locura del amor más irracional que se pudo sentir alguna vez, con toques de apatía bañadas por monumentos milenarios, que una segunda vez vistos pierden su gracia para ser contemplados, simplemente, como una postal viviente donde tu mente se empeña más en recordar que en vivir el momento. Porque, si uno se ha empeñado toda la vida en aborrecer imperios, sus ruinas podrán impresionar, pero jamás llegaran al corazón. El problema está en qué coño lo podrá hacer en su lugar.
A veces, sin embargo significa que empiezan nuevas veces. Nunca hay nada que te ilumine. Los beatos meapilas eyacularán espirtualmente viendo el ego de los papas estampado en fachadas y esculturas impresionantes que, un menda, ve como lo que son, genialidades con temáticas impuestas que, iluminados de verdad, no por Dios sion por ellos mismos, son la vía de expresión de los renegados que se empeñan en enseñar penes y vaginas de piedra en la ciudad predilecta de los enfermos mentales que siguen a sectas milenarias. Pero el valor que todo tiene una segunda vez ante tus ojos sigue siendo el mismo, porque no es la grandiosidad del espectáculo lo que aporta divinidad al momento sino las ganas con las que uno lo vé. Y esto es lo que desconcierta. Estar en un cocktail, haciendo el papel de hielo.
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