El Autista: Capitulo1. El feo, el malo, el autista y el capullo integral.
Publicado por Dr. Boiffard en Relatos el día 19-05-2005
- Oye, Jack, capullo, a ver si levantas con más fuerza que estoy llevando todo el peso.
- Puedes comerme el miembro, John. No eres más que un picha floja. Deja de quejarte de una puta vez y llegaremos antes a El Sitio.
- Si no fuera por esta mierda de curro te hubiese partido ya la cara. A mí nadie me toca los cojones de esa manera. ¿Por qué cojones te crees el jefe de toda esta mierda?
- Porque este de aquí no dice ni una puta palabra, y porque tú eres rematadamente tonto, John. Las cosas como son. Serías capaz de electrocutarte en mitad del campo. Para lo único que vales es para lloriquear y quejarte. Esta puta mierda de trabajo es muy sencillo, hay que llevar a este capullo a El Sitio y hacer lo de siempre. ¿Es que no lo puedes hacer tranquilito? No, el señor tiene que estar qujandose todo el rato. Que te calles la puta boca y cargues.
No se que coño le pasa por la cabeza a estos dos. Cargar un fiambre es muy sencillo. No veo que se consigue discutiendo. Son la típica pareja de gángsters estúpidos que no saben estar el uno sin el otro pero parece que se van a liar a hostias cada vez que abren la puta boca. En el fondo no son más que un par de maricas reprimidos. Cualquier día salen del armario y se empiezan a perforar el recto el uno al atro.
-Oye John ¿Falta mucho? Ya empiezo a estar hasta las narices de este bosque. Y cada vez está más oscuro.
-¿Tienes miedo, Jack? ¿Al nene le da miedo la oscuridad? Pareces de parvulario.
- No te pases conmigo, John. Te estas jugando el puto cuello, hermano. Tu sí que vas a saber lo que es el miedo. Te voy a descuartizar en cuanto cobremos por esta mierda.
Ya era casi noche cerrada cuando por fin llegamos a El Sitio. Un cadaver más para la colección. Dejamos el fiambre en el suelo, cogimos cada uno una pala y empezamos a cavar. El don nos obligaba a plantar los cadáveres siempre en el mismo sitio, descuartizados. No sé por qué cojones no los tirabamos al mar como haría cualquier persona normal. Pero bueno, el don tenía sus manías, y allí estaba yo con aquel par de maricas reprimidos, dispuestos a convertir aquel capullo integral en varios pedazos de carne y plantarlos como esquejes. Todavía colgaban por allí los huesos de alguna otra plantación de miembros.
- Eh, John. ¿Tu sabes que le pasa a este? ¿Por qué no habla?
- No tengo ni puta idea, pero el tío hace su trabajo sin molestar a nadie. O sea que cállate la puta boca y sigue cavando.
Jack me echó una mirada de sospecha. Le sonreí con mi boca sin dientes y levanté mi pulgar hacia arriba. No pareció gustarle porque empezó a farfullar para sí mismo. Siguió cavando.
Al rato ya teníamos el hoyo cavado. Ya solo faltaba lo divertido. Cogí el fabuloso machete ACME de su escondite y empezé a amputar miembros al cadáver. Primero la cabeza, luego los brazos, luego las piernas, y por último...
- ¡Me cago en la hostia puta!- grito John- ¡Este notas no tiene pijo!
- Ehm...
- ¿¿Qué cojones has hecho??
- Bueno, yo...
- ¿¿No ves que ahora no podemos seguir El Procedimiento??¿¿Se puede saber que coño le has hecho a la polla de este pibe, anormal??
- Joder, me aburría en el coche, y ...
- ¡¡¡¿¿Y..??!!!
- Coño, pues se... esto... se cayó.
- ¿¿Y como cojones se cayó?? ¿¿Que hostias estabas haciendo para que se le caiga la poya a un puto fiambre, puto degenerado de mierda?? ¿¿Con qué cojones te entretienes tú??
- Bueno, puede que... esto... seguirá en el coche... digo yo.
- ¿¿Y que cojones hacemos con una polla en el coche, imbécil?? ¿¿La ponemos de ambientador??
Yo no estaba por la labor de volver al coche a por el pijo del puto fiambre. Y no podíamos saltarnos El Procedimiento. Había que plantar todos y cada uno de los miembros, haciendo en el suelo con ellos la misma forma de siempre. El don pasaría tarde o temprano por aquel bosque a hacer sus putos ritos de aspirante a chamán, y nos mandaría degollar a los tres como faltase el puto centro de la plantación. Saqué un cigarro y lo encendí. Mientras esos dos discutían, empecé a fijarme en el suelo de El Sitio. Crecían una especie de hierbajos que no había visto en el resto del bosque. De fondo seguía oyendo la discusión de pollas amputadas de aquel par de inútiles. La primavera, pensé. ¿Serían los miembros amputados algún tipo de abono para aquellos hierbajos? ¿Tendrían algo que ver esos hierbajos con la mierda que se chutaba en vena el don? ¿O simplemente era casualidad?
- ...así que vas corriendo al puto coche y coges el puto pene de este capullo.
- ¡Y unos cojones! Yo no me vuelvo al coche. Lo plantamos sin miembro y ya está.
Había una sola cosa en el mundo que me ponía de los nervios. Y eso era hacer los trabajos a medias. No me dejaron otra opción.
- Mirad, chavales -dije-
- ¡¡¡El Autista habla!!! -gritaron a coro con cara de pánico-
- Me da exactamente igual cual de los dos se va a quedar sin polla. Podeis echarlo a suertes, o os puedo cortar el miembro a ambos o podeis cortarosla voluntariamente y darmela. Pero en un minuto yo estoy plantando una polla ahí en el hueco que queda. Ya sabeis El Procedimiento. Toda esta sangre se seca rápido.
No se si fue el hecho de hablar por primera vez ante ellos, o por la gravedad de mi voz, pero los dos inútiles se quedaron completamente paralizados. Entonces se me ocurrió. Lo ví claro. Todo encajaba a la perfección. Los hierbajos, El Sitio, El Procedimiento. Instantáneamente vino a mi cabeza algo etéreo, confuso, que me hizo comprender aquella extraña situación, una especie de deja-vu momentaneo y brutal que penetró en mi cabeza y me impulsó a terminar de saciar mi curiosidad. Cogí el machete y degollé a John.
- ¿¿Pero que coño haces, imbécil?? -Jack sacó la pipa de la funda y me apuntó, temblando. No le hablé. Caminé los cuatro pasos que me separaban de él, mirándole fijamente a los ojos, y le clavé el machete en la frente. El muy marica ni llegó a disparar. Cayó redondo en el suelo, con los ojos completamente salidos de sus órbitas y la lengua fuera. Parecía un sapo a punto de estallar.
Amputé el miembro a John, y termine la plantación del capullo mientras silbaba tranquilamente "El puente sobre el río Kwai". Allí quedaron sus miembros, otra vez más, formando aquel extraño dibujo en el suelo como exigía El Procedimiento. Cogí los dos cadáveres de aquel par de imbéciles y los aparté de El Sitio. Ahora que lo entendía todo, podría haberlos plantado también, por lo menos a uno, ya que al otro le faltaba el pijo. Pero no era plan de abusar de la magia de aquel lugar. Si ni siquiera el don era ya capaz de venir hasta aquí a hacer esto él mismo, no sabría yo decir si sería conveniente. Además, ya estaba tranquilo. Volvía a sentir otra vez ese buen sabor de boca tras cumplir correctamente con tu trabajo. ¡Y encima no tenía que oir a aquellos dos imbéciles por el camino de vuelta!
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