Los días extraños
Publicado por Pablo en Poesía el día 10-01-2005
veces,
antes de que amanezca.
Una noche tardía se empeñaba
como sin querer
en darme de su boca un diente de leche
con el gesto de una niña
que llora porque quiere desaparecer
de las zarpas terribles
de no sé quién cercano al poeta.
Los días extraños no se compadecen
del sujeto que atado al predicado
ha de vivir condena, tristemente,
el primer acto insólito y cotidiano.
La mañana se tuerce,
gira sobre sí misma como escondiendo
un ramo de estrellas que nunca prometió
sintiéndose culpable por no querer
compartir su noche en vela.
Como un fantasma, el cuerpo
se desliza por las tareas,
y a nada le presta atención,
huye en pereza de las matemáticas
y de aquella chica, huye de amor.
Los días extraños nunca se violentan
si traen contra el cobarde un manto de
miedo,
con él se abriga del frío que lleva
el segundo acto, este de después del
sueño.
Para comer se vuelve ingobernable
se impone hasta el consuelo
medio plato de lentejas,
dispara al estómago estofado de carne
y en puro odio el otro se venga.
Llega con prisa anunciando rodaje
y es el rodaje lo que no llega.
Torpemente, como no, algo se hace:
se hace el nerviosismo del poeta.
Los días extraños no quieren a nadie.
O sea, no quieren a alguien que nada
sea.
Sólo les gusta si son irreprochables,
y llevan el tercer acto a la tragedia.
Es la estación de autobuses.
Es la penúltima hora.
Todos se van pero el uno no llega.
Entraré tarde. La niña aún llora.
Algo interior me suena a derrumbe
siento que es todo lo que se lleva.
Voy a casa a desmayarme.
He acabado escribiendo un poema.
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