La Pitonisa Mari Fefa y la tostada con mermelada de naranja ácida.
Publicado por Dr. Boiffard en Relatos el día 23-02-2004
Aquella mañana, Mari Fefa se levantó con el pie derecho. No solía hacerlo, porque era zurda, pero al parecer tenía cierto hongo en el pie izquierdo que le causaba ligeras molestias, con lo cual, no le quedó más remedio que salir de la cama con el derecho. Como pudo, cojeando de forma graciosa, cuan pingüino ebrio, llegó hasta la mini cadena y puso uno de sus discos para espabilarse. A los tres minutos exactos, como todos los días, oyó unos golpes provenientes de casa del vecino, quejándose de que la música estaba muy baja. Subió el volumen. Cuando las últimas notas de Born to be Wild retumbaban violentamente en las paredes, se pudo percibir un golpe de aprobación en la pared. Tras una reconfortante ducha helada, nuestra fiel protagonista se dispuso a desayunar. Hielos, orujo, tocino, y un plato de lentejas. Una dieta equilibrada para un joven y atractivo cuerpo de 75 años.
Mari Fefa era la pitonisa del distrito. El Ayuntamiento del anterior gobierno la había destinado allí, un apacible barrio de drogadictos, prostitutas y camellos colombianos. Lo cierto es que estaba mucho más contenta que en su anterior barrio, un elegante y cuadriculado barrio de burgueses, donde absolutamente todos los días, algún ejecutivo o algún empresario le robaba el bolso. Pero aquí la gente era mucho más educada e interesante, mantenía relación con gran parte de sus vecinos, y las calles albergaban mejores vibraciones. En el otro barrio, sin embargo, la gente andaba demasiado tiesa, siempre callada. Además, trabajaba a apenas unos metros de casa, con lo cual, todo eran ventajas.
Así pues, bien desayunada, cogió su abrigo de piel de oso, su sombrero puntiagudo, y se fue al trabajo. Nada más salir de casa, notó algo extraño. O bien la calle había cambiado, o bien el ayuntamiento había vuelto a ordenar poner LSD en los grifos del agua, como ya venía haciendo durante la última legislatura. Pero no, era demasiado extraño. Además, Mari Fefa estaba convencida de no haber probado el agua esa mañana. Un monumental cabreo empezó a apoderarse de ella. Otra vez los políticos haciendo de las suyas. En el consejo que habría dos semanas después, se iban a enterar. Se acercó hasta los Mariachis que estaban dando su habitual concierto matutino en la esquina. Como era la bruja del distrito, y por tanto tenía cierta autoridad, se acercó a interrumpirles para preguntar:
- Si tu me dicccccceeeees veeeeeen...-Cantaban los mariachis. Mari Fefa se dirigió al bajito con bigote, que tocaba la mandolina.
-Disculpe, caballero. Sucede que yo venía dispuesta a
-Lo dejo tooooodooooo
-ir a trabajar y resulta que no se puede cruzar a la acera de enfrente porque ahora no hay acera y en su lugar hay una tostada gigante con mermelada de naranja ácida. ¿Sabría usted decirme si cuando llegaron aquí el mobiliario urbano ya se encontraba así o acaso ha venido otra vez el ayuntamiento a hacer obras?
- ...será todo paraaaaa tí.
El mariachi bajito de bigote que tocaba la mandolina parecía no hacer demasiado caso. Absolutamente concentrado en su instrumento, su cara reflejaba. Un perro callejero se acercó, y con un exquisito acento inglés se dirigió al músico:
- Excuse me, sir, but this sweet lady is trying to tell you something important. I think you should answer his question, instead of playing that horrible music.
Sonaron las últimas notas de la fantástica versión de Los Panchos que se encontraban tocando, y el mariachi bajito con bigote que tocaba la mandolina, se dignó entonces a contestar:
-Pues mire usted, señora pitonisa, resulta de que yo hoy he bebido tequila. Cuando bebo tequila, ehm, me gusta que no me interrumpan cuando toco. Se que a usted, que seguramente sea ehm, catedrática en Astrología, la profesión de Mariachi municipal le parecerá para ehm perd.. perd... perdedores y no le guarda el más mínimo respeto a la música. Pero yo, cuando bebo tequila, eeehm, esto, me gusta que no me interrumpan cuando toco.
A Mari Fefa le empezó a hervir la sangre:
- A ver. Yo salgo de casa, y resulta que hay una tostada con mermelada en lugar de carretera, y no puedo cruzar. Usted es la única persona aquí presente que trabaja en el ayuntamiento y por tanto debería darme alguún tipo de explicación. Su sueldo existe gracias a los impuestos que gente como yo y este educado perro pagamos. Por tanto, debería tratarme con un mínimo de educación. Además, no está lo suficientemente borracho, con lo cual incumple con su deber. Con lo cual debería andarse con cuidado, y decirme de una puñetera vez que pasa aquí.
El mariachi bajito con bigote que tocaba la mandolina, ante la mirada atónita de sus compañeros de grupo, aterrados y paralizados con el miedo de perder su trabajo, se puso a gritar:
-Mire usted. Bruja de Mierda. A mi no me importa un carajo el poder que usted tenga. Me trae por el mismísimo ojete que usted pueda leer el destino. Como si sabe hacer un zumo de naranjas. Yo toco la mandolina. Y punto. Búsquese la vida. ¡A tomar por culo, joder!
- Osheee, ten cuidado con lo que dices -le murmuró el mariachi argentino que tocaba la guitarra- que esta es la pitonisa del distrito.
- ¡Me trae por el culo! -el mariachi bajito con bigote que tocaba la mandolina estaba ya fuera de sí- ¡Me trae por el culo! -Repitió- Estoy hasta los cojones de toda esta mierda. No se puede vivir en paz aquí. Todos los días dejandome el hígado con el asqueroso tequila para venir a tocar la puta mandolina completamente cocido, como me exige mi contrato. ¿Y todo para qué? ¿Para que encima venga una bruja prepotente a preguntarme con pésimos modales por la puñetera tostada que nadie sabe quien cojones ha puesto ahí? Andaaaaaaaaa. -Los mofletes del mariachi bajito con bigote que tocaba la mandolina empezaban a tomar un color mas bien rojizo-. Señora -propinandole un corte de mangas- vayase a freír monas. Renuncio.
El mariachi bajito con bigote que tocaba la mandolina, dejo su instrumento en el suelo y se largó. Mari Fefa, paralizada, descartó seguir preguntando. Subió rápidamente a por dinero, y decidió ir al bar de la esquina a perder el tiempo o a esperar inútilmente que alguien viniera a recoger la tostada gigante.
Cuando llegó, el bar estaba medianamente lleno. A esas horas de la mañana, la gente que había ya estaba acabando de desayunar, y la marabunta de yonkis que madrugaban para ir a meterse por la vena hacía rato que se había ido. Cuando entró en el bar, todavía bastante cabreada, pudo distinguir una silueta muy familiar sentado en una de esas banquetas que estan fijas en el suelo y que siempte alguien intenta mover. Cabizbajo, con un vaso de whisky escocés entre las manos y canturreando, allí se encontraba Baco, borracho como una panda de hooligans irlandeses. Baco había sido despedido por Zeus hacia el 1975 aproximadamente. Desde que el Olimpo quedó reducido a cenizas por culpa de la emisión de gases tóxicos provenientes de las fábricas de profilácticos, los dioses griegos se habían tenido que mudar al Paraíso Cristiano, y allí Zeus se tuvo que conformar con ser el secretario de Cristo, lo cual le daba bastante poder, pero no todo el que tenía, claro. Resulta que, en 1975, cuando Escrivá de Balaguer subió a los cielos y vió el percal, decidió, en su estilo, que el quería ser el dios del vino. Que había estado nosecuantos años de vida flagelándose para tener una eternidad en condiciones, y que si iba a estar allí, tenía que ser el dios del vino. Al principio le costó hacer oir sus exigencias, pero con su enorme experiencia en subir en la escala de poder, le costó bastante poco llegar al puesto. Y es por esto que el pobre Baco ahora deambulaba por la Tierra cuan alma en pena, como buen parado que era ahora.
Mari Fefa se acercó, le dió dos palmaditas en la espalda a Baco y dijo en un tono bastante elvado de voz:
-Como vamos, señor Baco, ¿consigue algún trabajillo? ¿no hay ningún puesto para usted en algún lado?
Baco estaba realmente cocido. Lentamente giró la cabeza y miró a Mari Fefa con sus ojos completamente rojos y lacrimosos, y le contestó:
- Pues mire usted, señoa Pitonisa. Está el tema echo una mierda. La movida es que ahora a Alá le va de viento en popa ultimamente, ya que -Ejem Ejú - Baco tosió fuertemente- ya que con eso de la Guerra Santa y los suicidas y esas movidas, pues está ganando muchos clientes ¿sabe? Y el vino lo tiene prohibido. Entonces resulta que ¿sabe qué? ¿sabe qué? -Baco, completamente exaltado, no esperó a que contestase - Pues que los demás están envidiosos de Alá, y estan intentando seguirle. Entonces van y le copian el modelo empresarial. Y entonces, pues ale, todos a prohibir el vino. No hay quien encuentre trabajo. Y aquí me tiene, señora. Borracho, como siempre.
- Vaya por Dios, Baco, Vaya por Dios. A ver si hay suerte la década que viene. -Mari Fefa le volvió a dar dos palmaditas en la espalda y se sentó dos banquetas más allá.
- Si encima, por Dios. No te jode con la bruja de los huevos. Con cachondeos me viene -Farfulló Baco entre dientes.
Mari Fefa estuvo esperando a que saliese el barman de la cocina. Tras dos o tres minutos, por fin, salió de su escondrijo maloliente. El Barman era un hombre completamente calvo, de dos metros de alto y otros tantos de ancho. Tenía el hombro izquierdo como diez centímetros más hundido que el derecho. Esto es debido a que ultimamente, con la cantidad de ángeles que salían del armario, era fráncamente difícil tener uno, porque casi todos eran despedidos y enviados al infierno. Por eso el barman, en su hombro derecho tenía el típico demonio pequeñito, pero sin embargo el ángel que tenía que estar en su hombro izquierdo había sido sustituido por una vaca sagrada. Y claro, cada vez que algo le tentaba y salían ambos personajillos, su hombro izquierdo tenía que soportar la tonelada y media que pesaba la vaca, y es por esto que estaba tan hundido. Eso sin entrar en detalles, porque la lista de dolencias de espalda que tenía el pobre infeliz era descomunal.
El barman se acercó a Mari Fefa:
- ¿Qué desea, señora?
- Un café con orujo y una tostada de mermelada de naranja, por favor.
A Mari Fefa le resultaba extraño que la cabeza del buen hombre no saliese rodando hacia abajo, porque la silueta que formaba el hombre era como una rampa con una pelota en medio que debido a la existencia de su cuello, no caía. Se empezo a reír para sus adentros cuando el camarero le sivió el carajillo.
- ¿Desea Orujo gallego o quiere probar el licor de la casa?
- Probemos, pues.
El barman se giró y cogió una botella con forma de lámpara halógena de debajo de la barra. Sirvió un chorrito de un brebaje de color anaranjado en el café, y se dirigió a la cocina.
- Voy a por su tostada, señora.- Dijó mientras se perdía de vista al entrar en la cocina.
De pronto, un ruido estremezedor salió de dentro. Las paredes empezaron a temblar. Las lámparas se tambaleaban de un lado a otro, y el gotelé de las paredes y el techo se deshacía en una nuve de polvo blanco y maloliente. El ruido se hacía cada vez más fuerte. En un instante, entre la confusió y el pánico de todos los que estaban en el bar, salió el barman con la desaparecida acera en un plato. Se llevó por delante la puerta de la cocina, y, en cuanto la puso encima de la barra, ésta se hundió unos veinte centímetros.
- ¡Por fín! Menos mal que al final las cosas acaban apareciendo -gritó Mari Fefa-. Acto seguido, cogió, se subió al plato, cruzó la acera, y se fue al trabajo. Otra mañana más que llegaba tarde. Pero como era funcionaria y jefa, pues no pasó nada.
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