Sobre La Vida De las Cucharas
Publicado por Dr. Boiffard en Relatos el día 10-10-2003
Cuando esto sucedía, las cucharas se transformaban en maravillosas piezas brillantes donde todo lo que había en el exterior del cajón quedaba extrañamente reflejado en ellas. Entonces las cucharas se sentían dichosas, sintiendo como por unos instantes todo el universo estuviese en su cuerpo.
Las cucharillas pequeñas, recién adquiridas en el todo a 100 de la esquina, no se terminaban de acostumbrar a su nuevo hogar por la oscuridad a la que estaban sometidas. Al principio, cuando las primeras veces se abría el cajón, de pronto sentían de nuevo la luz en sus cuerpos y se sentían enormemente dichosas. Pero cuando por primera vez una de ellas fue escogida para salir al exterior, un terrible pánico se apoderó de ellas. Nunca en su vida se habían separado. Y cuando esta volvió y les conto las horribles cosas que les esperaban fuera, el miedo se quedo para siempre en sus corazones. Eran la verguenza del cajón, todo el día lloriqueando y diciendo que no querían salir, que porqué el destino les había traido hasta ese lugar tan tenebroso. El resto de cubiertos que habitaban en el cajón no podían soportar tanta queja y las empezaron a odiar al poco de llegar. Por eso quizá estaban colocadas perpendicularmente al resto de cubiertos.
Las cucharas más viejas se ponían melancólicas pensando en cuando eran jóvenes y tenían el cuerpo liso, lo bien que les sentaba la imágen del exterior impregnada en su cuerpo. Ahora no eran más que viejos trozos de metal con el cuerpo completamente rayado por ese cruel enemigo verde que, al final de sus excursiones al exterior del cajón, les torturaba en el agua llena de espuma, y que, con el paso del tiempo, les había producido infinidad de cicatrices que impedían que su cuerpo se transformase en aquellos curiosos y bellos espejos que fueron en otro tiempo. Se pasaban todo el día quejándose de lo triste que era la existencia de las cucharas y se dedicaban a pulverizar los sueños de las cucharas jóvenes cada vez que estas hablaban con ilusión de la próxima vez que salían al exterior.
Pero había una cuchara especial. Esa cuchara no se ponía con el resto de las cucharas. Ni siquiera con el resto de cubiertos. Era una cuchara fea, no solo llena de cicatrices como las cucharas viejas, sino que tambien tenía el cuerpo lleno de quemaduras. Pero no tenía miedo de salir al exteriror, es más, le encantaba que llegase ese extraño ser a por ella. Las primeras veces que salía al exterior, tenía una vida como las demás cucharas. Pero un día algo sucedió, y desde entonces la vida de esa cuchara cambió por completo. Un día, cuando la luz empezó a entrar en el cajón, una mano que no era la de siempre aparecio en el cielo del cajón, y, tras mucho dudar entre sus hermanas, la seleccionó a ella.
La cuchara sentía como este viaje al exterior no era como los otros que había tenido. En este viaje, la cuchara se sentía especial. Por primera vez, la trataban con mucho mimo, y se sentía terriblemente dichosa. De pronto, notó como su cabeza era llenada de líquido. Pero este no era un líquido como el que estaba acostumbrada a llevar, sino que era mucho mas limpio y transparente. La cuchara sentía un extraño cosquilleo a lo largo del cuerpo en el que preveía que algo mágico y fuera de lo comun le estaba sucediendo. Al poco tiempo, sobre el agua de su cabeza cayeron unos extraños polvos marrones, que empezaron a ser disueltos en el agua por la mano, ayudada de un extraño y alargado objeto. La cuchara, aunque con miedo, se seguía sintiendo especial, y estaba realmente emocionada, aguardando que iba a suceder después.
De repente, la cuchara empezo a sentir calor y calor en la parte de atras de su cabeza. Al principio fue muy doloroso. El dolor mas grande que había sentido la cuchara en toda su existencia. La cuchara no era novata, y muchas veces que la habían usado para comer sopa, cuando esta estaba caliente, había sufrido algo por el calor, pero ahora era un calor mucho mas intenso y concentrado.
Justo cuando la cuchara empezaba a pensar que se moría, el calor que se había transmitido a su cabeza empezo a hacer que el agua mezclada con aquellos extraños polvos marronáceos empezase a hervir. Y en ese momento la vida de la cuchara cambió para siempre. De pronto el dolor intenso se convirtio instantáneamente en un inmenso placer que la cuchara jamás había sentido. El máximo placer que la cuchara había experimentado hasta entonces era sentir el reflejo de la luz en su cuerpo, cuando era joven y este hecho era poco habitual. Pero ahora era completamente distinto. Notaba como su cuerpo empezaba a estremecerse para suis adentros, sintiendo algo que muy pocas cucharas en el mundo han podido llegar a sentir.
En este estado, una afilada y pequeña aguja sumergió su punta en el agua que había en la cabeza de la cuchara y lentamente recogió el agua, en el cual los polvos ya se habían disuelto por completo. Pero aun sin el extraño mejunje que había tenido en la cabeza, la cuchara se seguía sintiendo igual de bien. Sin saber cómo, la cuchara notó que estaba en el suelo y que la mano ya no la sujetaba, pero notaba la presencia de algo vivo cerca. Algo que no era un cubierto como el resto de cosas que había conocido a lo largo de su vida. Pero sentía que aquello, aunque perteneciese a otro mundo completamente distinto, se sentía igual que ella. Desde entonces la cuchara nunca volvió a ser la misma.
Cuando volvió al cajón, fue colocada en un lugar completamente apartado del resto de cubiertos. Ya nunca mas volvió a ver a sus hermanas mayores, que estaban todo el día tirando por tierra las ilusiones de sus hermanas más jóvenes. Ni tampoco volvió a ver a las pequeñas cucharas del todo a cien que se pasaban el dia entero lloriqueando. Pero eso a la cuchara le daba igual, porque ya nunca más sería una cuchara como las demas. Ella era la cuchara más afortunada de todo el cajón, y a medida que iba saliendo otras veces al exterior, se sentía cada vez más distinta que el resto de las cucharas. Aunque no tenía la compañía de nadie, tampoco le hacía falta, porque con todo lo que había vivido, las melancólicas historias de sus mayores o los llantos histéricos de sus hermanas pequeñas no hacían mas que hacerle darse cuenta de lo mediocres que eran el resto de cubiertos del cajón.
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